"Acordamos 50/50": cuando el reparto igual deja de ser justo

Los dos firmasteis el acuerdo: participaciones iguales, propiedad igual. Seis meses después, uno de vosotros había dejado un empleo y vaciado una cuenta de ahorros, y el otro seguía cobrando un sueldo. Cincuenta y cincuenta sobre el papel, nada parecido en la práctica. El problema de un reparto igual es que asume el mismo riesgo, la misma aportación y la misma necesidad, y ninguna de esas cosas era cierta el primer día. Se han ido separando cada mes desde entonces. Tú pusiste el capital; el otro puso la idea. Tú pusiste semanas de 60 horas; el otro puso 40. Los dos creéis en privado que vuestra aportación vale más de la mitad, y los dos lleváis un balance que el otro no puede ver.
Sacarlo a la luz parece codicia. No sacarlo parece un robo lento. Así que te quedas con la cifra y dejas que se pudra, sabiendo que el resentimiento acabará costando más de lo que las participaciones podrían valer jamás. Igual no es lo mismo que justo, y los dos queríais evitar la conversación difícil, así que elegisteis una cifra que parecía generosa en lugar de una cifra que parecía verdadera.
Por qué se produce la evitación
Esto tiene menos que ver con un solo rasgo que con una reticencia compartida a tener una conversación costosa y directa, lo que normalmente significa que ambos fundadores están en el extremo bajo de Asertividad y Franqueza precisamente para este tema. El reparto igual resultaba atractivo justamente porque permitía a dos personas que rehúyen el conflicto sentirse generosas mientras esquivaban el trabajo incómodo de poner precio al riesgo y a la aportación real de cada uno. La generosidad que evita una verdad difícil no es generosidad. Es un aplazamiento, y los aplazamientos en las participaciones se convierten en algunas de las disputas más feas que existen entre fundadores.
La cifra no tiene que renegociarse en contra del cincuenta y cincuenta; tiene que hacerse honesta, en voz alta, mientras la empresa aún es lo bastante pequeña como para que la conversación sea sobrevivible. Los fundadores que reabren el reparto pronto, con datos reales sobre capital, horas y riesgo, casi siempre acaban con una respuesta duradera. Los fundadores que lo dejan pudrirse acaban con una demanda o con un resentimiento silencioso y permanente que envenena cada decisión. La tabla de capitalización no es el lugar para ser educado.
La evitación del conflicto compartida que produjo un reparto generoso pero falso se manifiesta en las facetas de Asertividad y Franqueza, que el test de personalidad OCEAN de 30 facetas mide en unos 15 minutos, con los resultados por dominio gratis. Antes de firmar un acuerdo de participaciones para evitar una conversación difícil, ver ambos perfiles te dice cuál de vosotros esquivará la cifra que parece verdadera, del mismo modo que nuestra elaboración de perfiles de roles para equipos revela quién evita la conversación cara.